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¿Qué es un cerebro sano?

Parece estar de moda decir que lo deseable es mantener un cerebro joven. Quizás es una consecuencia de una conceptualización equivocada del cerebro a lo largo de la vida. Hasta los sesenta o sesenta y cinco años, el cerebro va encogiéndose, perdiendo facultades y envejeciendo. Sin embargo, la realidad del cerebro es otra, porque la condición humana es especial.

Desde el punto de vista evolutivo, el organismo está diseñado para mantener funciones hasta la procreación, esto equivaldría a vivir veinte o veinticinco años. Desde un punto de vista evolutivo, no es necesario vivir más porque el individuo ha tenido tiempo de procrear. La realidad humana es distinta. El ser humano es una especie especial, en la que la realidad de la sociedad ejerce una presión evolutiva distinta a la que se aplica a otras especies.

La realizada humana está simplificada en una frase de Ortega y Gasset “YO SOY YO Y MIS CIRCUNSTANCIAS”. Esta realidad humana requiere vivir más allá de la procreación individual para permitir una evolución social y de conocimiento.

Biológicamente estábamos programados para vivir hasta lo veinte años, quizás con un margen de error que permitiría llegar a los treinta. Sin embargo, hoy por hoy vivimos hasta los noventa años y la proyección indica que vamos a vivir más.

¿Qué significa esto, desde el punto de vista del cerebro?

En esencia, significa que el cerebro, para lograr que nuestro organismo siga funcionando, acaba adoptando estrategias que no estaban previstas y que son necesarias, para paliar nuestro desfase evolutivo. Ahora bien, también significa que, a cada edad, con cada década, el cerebro tiene mas estructuras y unos patrones de funcionamiento distintos y adecuados para esa etapa vital.

El desarrollo del cerebro a lo largo de la vida.

Aunque algunas capacidades cerebrales se deterioran a lo largo de la vida, otras, de hecho, aparecen o mejoran con la edad. De jóvenes, tenemos mayor facilidad para recordar números o calcular problemas matemáticos complicados. Sin embargo, a los cincuenta años somos capaces de utilizar una gran cantidad de conocimientos almacenados a lo largo de los años. Esta habilidad de usar conocimientos acumulados se llama “inteligencia cristalizada”, y aumenta con la edad.

En la infancia

El cerebro ha nacido con tantas neuronas y conexiones como tus genes fueron capaces de programar, aunque las conexiones no están optimizadas. El cerebro es muy caro de mantener para el organismo. Nuestro cerebro requiere de una pérdida programada de neuronas y conexiones. Las que se mantienen son las que usamos para inventar, vivir la sorpresa, la magia, experimentar, sentir amor, y emociones. Somos máquinas de aprender, esponjas que aprendemos rápido, sobre todo imitando.

En la adolescencia

La pérdida programada de neuronas y conexiones continúa, los procesos y las redes cerebrales se hacen más eficaces a medida que practicamos habilidades. Adquirimos conocimientos con gran facilidad. Además, nuestro cerebro emocional esta falto de control. Somos viscerales, emotivos, apasionados, pero adolecemos de la capacidad de balancear esas emociones por juicio del contexto y sus consecuencias.

Entre los veinte y los cuarenta años

Somos capaces de solucionar problemas, razonar, aprender, procesar información, controlar emociones, recordar datos. Nuestro cerebro funciona rápido, está en la plenitud de rendimiento. Comienzas a ver mejores relaciones menos obvias entre cosas. Es como si fueras menos capaz de ver cada hoja del árbol y pasar a ver el bosque. La capacidad de recordar información, manejarla llega a su cima de eficiencia.

Entre los cuarenta y los sesenta años

Aprender, procesar información, razonar, así como tu velocidad, comienza a reducirse, tu cerebro empieza a perder eficiencia en las conexiones. Comienzas a notar cambios en tu habilidad para aprender cosas nuevas y recordar información concreta, te constara mas. Sin embargo, tu capacidad de relacionar conocimientos con otros y llegar a conclusiones nuevas sigue mejorando. A tu cerebro le cuesta más hacer cosas simultáneas.

Gracias a tus experiencias vividas, a la plasticidad y la riqueza de conexiones distantes entre áreas cerebrales. La habilidad de percibir y entender las emociones de los demás, sopesar situaciones y tomar decisiones morales siguen mejorando. Eres mejor en tareas que requieren vocabulario, comprensión y conocimientos generales. Tu cerebro sabe más y es capaz de utilizar mejor ese conocimiento.

A partir de los sesenta años

Empezará a costarte retener información, quizás te cueste más calcular más rápido, recordar cosas, pero empezarás a desarrollar estrategias para ayudarte, tomas notas, preguntaras mas frecuentemente. Tu cerebro se vuelve más lento y el proceso de la información de que dispone resultará difícil concretar. A nivel sensorial, reaccionaras con más lentitud. Conoces todos estos cambios y tu cerebro se hace más cauto, más precavido y menos vergonzoso.

Sigues acumulando conocimiento y sabes descubrir relaciones, sopesar opciones y anticipar y cotejar consecuencias. Has establecido patrones de actividad y conexiones cerebrales que sustentan la noción de sabiduría.

Ahora bien, a partir de los ochenta, una de cada tres personas tiene la enfermedad del Alzheimer, sin embargo, no todos la manifiestan. Un cerebro sano, con reserva cognitiva adecuada, puede sobrellevar el daño de la enfermedad. Todos podemos hacer algo para aumentar nuestra reserva cognitiva y fomentar la salud de nuestro cerebro.

El cerebro cambia a lo largo de nuestra vida y con esos cambios, si su función es correcta, ganamos unas capacidades y perdemos otras, vamos evolucionando.

En las próximas entregas veremos cómo hacer para mantener un cerebro sano a lo largo de nuestra vida, por lo tanto, un cerebro capaz de contribuir a nuestra salud, disponer de un cerebro que cura.

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