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¿Para que tenemos cerebro?

¿Porque necesitamos un cerebro?

En la historia del Mago de Oz, el espantapájaros no tiene cerebro, y en un momento de la película, este dice “Si tuviera cerebro, si dentro de mi cabeza pudiera tener algo más que relleno de paja, mi corazón dejaría de estar lleno de dolor”.

¿Tener cerebro es realmente para controlar el dolor en nuestro corazón?

La realidad es que la conexión entre nuestro cerebro y nuestro corazón es más fuerte de lo que imaginamos.

Un estudio llamado “La muerte por Vudú”, relata que existen algunos casos en que la muerte es causada por el miedo, por la creencia de una fuerza externa, por un hechicero, una bruja, el mal de ojo o una profecía.  Lo que causa realmente la muerte no es el hechicero, la bruja, el mal de ojo o la profecía, sino la creencia en ellos por parte del afectado. El estudio se refería que este tipo de creencia solo pasaba en sociedades primitivas en la cuales la gente eran supersticiosas, capaces de creer en espíritus malévolos que pueden afectar a nuestras vidas.

Hoy se sabe que este fenómeno es real y que no solo están en sociedades más primitivas, sino que el fenómeno está muy ligado a la relación de nuestro cerebro y nuestro corazón.  Actualmente se conoce que algunas muertes súbitas están estrechamente asociadas a eventos de nuestro cerebro y nuestros corazón, eventos que las víctimas no pueden ignorar y que causan la muerte por una respuesta cerebral de máxima excitación, sensación de pérdida o falta de control.

El cerebro y el corazón

Estos mantienen un balance de influencias simpáticas y parasimpáticas que nos permiten reaccionar y escapar del peligros o enfrentarnos a ellos con sosiego y calma. Cuando ese balance se decanta de forma descontrolada hacia un lado u otro, da lugar a una tormenta de hormonas y actividad metabólica que descompensan el corazón, se crea la enfermedad que puede llegar a perjudicarnos seriamente. Pero también al contrario, gracias a la comunicación entre el cerebro y el corazón, tenemos la capacidad de fomentar nuestra salud.

Diríamos que tenemos un cerebro para relacionarnos con el mundo exterior, percibir sensaciones y  entender el contexto que nos rodea. Todo cierto, pero es solo un parte de la realidad, pues nuestro cerebro pasa la mayoría de su tiempo encargándose de monitorizar y regular nuestro mundo interior, nuestro cuerpo.

Tal como decía el espantapájaros, si el tuviera cerebro haría que su corazón tuviera más Alegría, menos dolor, monitorizaríamos nuestro cuerpo mejor para que funcionase mejor, de forma más eficaz. La conclusión de que tenemos un cerebro para monitorizar nuestro cuerpo interno es obvia si se considera a nivel evolutivo. Si solo se tratara de percibir el mundo exterior y movernos por el, con tener receptores y músculos controlados por arcos reflejos nos sobraría, como a muchos seres vivos como gusanos o moluscos. Para estas funciones no haría falta cerebro. Sin embargo en algunos animales y en nosotros lo humano se ha desarrollado una estructura especial que trabaja de forma extremadamente compleja.

Complejo y costoso.

El cerebro es extraordinariamente complejo y costoso de mantener por el organismo. El cerebro no solo nos permite interactuar con el mundo exterior sino que nos permite ser consciente de ello.

Tal como predecía el espantapájaros del Mago de Oz, tenemos un cerebro para que nuestros corazones y el resto de órganos funcionen mejor. Disponemos de este órgano tan complejo para permitirnos estar más sanos y más felices.

El reto está en hacer lo mejor posible para llevar a cabo esa labor de la mejor manera.

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